La ola de imágenes publicadas en redes sociales inspiradas en el estilo de ilustración del Studio Ghibli inició con una demostración que realizó el CEO de OpenAI, el creador del ChatGPT, para anunciar “Images in ChatGPT” el Generador de imágenes más avanzado y potente a la fecha para generar imágenes de alta precisión y calidad fotográfica.
Esto dio inició una tendencia donde millones de usuarios comenzaron a generar sus propias imágenes con el estilo de ilustración creado por el artista Hayao Miyazaki.
A razón de esta tendencia, se han generado muchos puntos de alerta, controversia y debates sobre qué significa el uso de la IA en términos de sostenibilidad: ¿Es ético usar estas herramientas?¿Deberían existir derechos de autor sobre la estética? ¿Qué otros riesgos generan estas tecnologías?
La ética de la replicación creativa
Hasta ahora, Studio Ghibli no ha emitido una declaración o medidas legales respecto al uso de su estilo por ChatGPT-4o. Sin embargo, su cofundador y director, Hayao Miyazaki, previamente había manifestado su inconformidad con la inteligencia artificial en la producción artística.
El abogado y consultor independiente Rosenberg fundador de Telluride Legal Strategies declaró en una publicación en linea del sitio Futurism que «Dado que la mayoría de los tribunales aún no han dictaminado sobre la solidez de demandas similares por derechos de autor, no está claro si prosperarán».
Los artistas critican y ponen en duda la manera en que la Inteligencia Artificial imita sus estilos sin gran empeño. A pesar de que ellos se han dedicado años a aprender, crear, perfeccionar y establecer su identidad artística, esta tecnología permite que cualquier individuo reproduzca imágenes sin el tradicional proceso de aprendizaje y desarrollo artístico.
Actualmente también existen IA que facilitan la generación de imagen, audio y voz utilizando recursos artísticos que ha creado un humano, por lo que las habilidades artísticas humanas, tanto plásticas como musicales, se encuentran ante un reto.
A pesar de que algunos lo ven como una democratización para crear, la apropiación de estilos de los creadores, la desvalorización del esfuerzo y el desinterés por la autenticidad de parte de quienes ven esto como una opción más “barata” ha hecho que se menosprecie trabajo creativo y crea un riesgo en la competitividad de estos profesionales
El impacto ambiental de la IA
Al tiempo que las imágenes de la tendencia siguen inundando las redes sociales, también se hizo eco de cómo creación de imágenes por millones de personas en el mundo ha generado un recalentamiento de los GPUs. Según Infobae, generar imágenes con inteligencia artificial tiene un costo ambiental significativo, donde una imagen con IA puede requerir hasta 3,45 litros de agua, principalmente para mantener refrigerados los servidores.
Por ahora, ChatGPT ha limitado la cantidad de imágenes generadas por día en su versión gratuita, sin embargo, no queda duda que el uso y mantenimiento de este tipo de tecnologías debe generar una importante reflexión sobre el uso de recursos no renovables con los que cuenta nuestra sociedad.
El riesgo de ciberseguridad
Esta tendencia también ha desatado preocupaciones sobre la seguridad de los datos y los riesgos que ellos acarrean. Los usuarios están cargando voluntariamente data de sus rostros, exponiendo la biometría facial a ataques de robo, filtración, o deepfakes que pudiera permitir el hackeo de cuentas, representando un peligro para la seguridad de los usuarios e incluso las empresas donde trabajan
Si estos millones de datos son capturados por cibercriminales, “podrían emplearse para generar huellas maestras y violar sistemas de autenticación biométricos” explicó Mónica Vargas, Máster en Inteligencia Artificial, para el Diario El Tiempo en Colombia. Por esta razón, es crucial gestionar los datos personales de manera responsable y entender los peligros vinculados y tener especial precaución al revelar información delicada al divulgar imágenes de niños.
OpenAI afirma que no utiliza los datos de los usuarios para propósitos comerciales ni los comercializa a terceros sin su autorización. No obstante, podrían revelar información a miembros, fuerzas de seguridad y entidades gubernamentales, de modo que se conserva un registro de todo lo que usted comparte con esta Inteligencia Artificial.
Todas estas reflexiones dan espacio a un debate sobre el porvenir ético de estas tecnologías, tanto en la responsabilidad social de las empresas de cuidar el uso indiscriminado de ellas para “suplantar” a creadores reales, como en su impacto ambiental y de riesgo a la seguridad y privacidad.
Algunos especialistas sugieren la importancia de establecer límites éticos, morales y legales, por lo que, aunque aún no haya regulaciones y acuerdos a nivel global, es importante que las empresas sopesen y decidan sobre cómo será su actuación responsable ante este futuro tecnológico.